Capítulo 5
Altamira Hall, en algún recóndito lugar de Trixania
Su piel estaba caliente, podía sentir como el fuego inundaba sus células hasta que su cuerpo entero se fundía en las llamas. El dolor le atravesaba entero, le punzaba y carcomía las entrañas, mientras la transformación sucedía. El dolor era intenso, sus músculos tiritaban, su piel se expandía, sabía lo que vendría después de que el dolor tan lacerante se incrementara, todo lo que le rodeaba se desintegraría entre el fuego que saldría de su cuerpo, la tierra temblaría bajo sus pies, el viento soplaría incesante y su alma moriría otro poco. No supo como, en qué momento, dentro de sus obnubilados sentidos, una voz poderosa le llegó, escuchó aquella profecía que le había sido entregada cuando quedó maldito. Se quedó estático, no pudo moverse y antes de que encontrara la manera de calmar la agonía que sufría, la oscuridad se apoderó de él.
*****
Para cuando Jared abrió los ojos, su cuerpo, que muchas veces se mostraba dolorido por el cambio, estaba en calma. Como si únicamente hubiese tomado una siesta. Supo que la noche había llegado, por que la luna se alzaba arrogante en el cielo nocturno, miles de estrellas titilaban alegremente ante sus ojos. Se levantó del suelo en el que había quedado tendido, no estaba seguro de lo que había sucedido, pero sabía que pronto se enteraría, sentía el cambio de energía y los flujos de aire que le rodeaban, se estaban calentando ante la inminente llegada de un Deus Fatutum. Por primera vez en su vida, Jared no tenía la fuerza necesaria para enfrentarse a uno de ellos. Esperó estoicamente a que el enviado de los dioses osara presentarse ante él y dejara de alterarle los nervios.
-Descendiente… hoy has sido salvado, pero la próxima vez el dolor será el doble de lo que ha sido esta mañana. Debes de empezar a poner en práctica lo que se te ha revelado, ante tus ojos está la salvación, sólo la noche puede guiar tu camino hacia su cáliz sagrado –dicho esto, se desvaneció dejándolo con la leve certeza de que su mundo empezaba a tambalearse.
El Deus acababa de desvanecerse cuando Jared sintió una poderosa presencia detrás de él, se giró para enfrentar al Dios Lucius. Lo miró directamente a los ojos casi amarillos que poseía, mientras se preguntaba la razón de tan extraña visita. No era raro que los dioses lo buscaran para entregarle alguna información vital, sin embargo, no sucedía tan a menudo.
-Jared –lo llamó fríamente- he venido a darte la bendición por la unión que harás con Ikram. Además de la necesidad que tengo de informarte, que si le haces el más mínimo daño, tendrás que atenerte a las consecuencias. Por último, el enlace debe de ser lo más pronto posible.
Jared se quedó paralizado durante segundos, no daba crédito a lo que había oído, ¡era simplemente imposible! No pensaba unirse a su compañera hasta que estuviese preparado para ello.
-Si me permite Dios Lucius, pero no comprendo. Hablé con Ikram y le informé de mi decisión de enlazarme a ella, en el momento en que nos hayamos conocido. Evidentemente, no podrá ser pronto –contestó con su habitual indiferencia, aunque distaba mucho de estar indiferente a la situación.
-Creo que no me has entendido jovencito. No te estoy preguntando. El enlace será pronto, tú fija el día, que no pase de una semana.
¿Una semana? ¡Maldición! Esto es más terrorífico de lo que había pensado al principio.
-Con todo respeto, no creo que Ikram esté de acuerdo y no pienso obligarla. Y Dante es un inconveniente, dudo mucho que llegue a aceptarme –estaba seguro de que el principal oponente a vencer, era su suegro, no sabía a ciencia cierta si podría ganarse sus afectos algún día. Aunque para el caso, los afectos del Dios también eran importantes.
-Por mi hija no te preocupes, Farrah ya habló con ella y ha aceptado unirse a ti, sólo está a la espera de tu propuesta; y por lo que respecta a Dante, de él me encargo yo, no te preocupes por ello tampoco –respondió con un leve encogimiento de hombros.
Tal parecía que el Dios lo veía todo demasiado fácil. En fin, estaba atado. En un laberinto sin salida. No le quedaba de otra más que aceptar. Se enlazaría a una mujer a la que no conocía en absoluto. No por decisión propia, sino por obligación. Él odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Pero pensaba ceder ante la orden, no había manera alguna de desacatarla.
-Muy bien. Mañana en la noche hablaré con Ikram para solicitarle que se enlace conmigo.
-Que así sea –le contestó antes de desvanecerse.
Jared se quedó mirando hacia la nada, se preguntaba cómo era posible que después de haber estado encantado con la idea de enlazarse por fin a su compañera; en ese instante se sintiera asqueado con la idea de hacer suya a aquella vampiresa. Pero lo cierto es que no tenía intención alguna de enlazarla definitivamente a él. Una vez que el Deus hubiera forjado el enlace y él la tuviera en su casa, no volvería a tocarla. Podría parecer caprichoso, pero estaba seguro que a los dioses no les gustaría en lo más mínimo que él no se atreviera a beber la sangre de ella; sin embargo, en esa segunda parte del enlace, ellos no podrían inmiscuirse, por lo tanto, no la ataría a él de esa manera. No bebería su sangre y tampoco le proveería la suya.
No supo en que instante la voz de Tarah se coló en sus sentidos, sin duda alguna ese era el día de “todos molesten a Jared”. Suspiró fuertemente antes de desvanecerse directamente a donde se encontraba la vampiresa. Estaba seguro de que ella necesitaba alimentarse y por esa razón le había convocado.
El Palacio Luxor en Trixania
Cuando llegó a los aposentos de Tarah, la encontró esperándolo como muchas veces antes, su diminuta ropa interior roja dejaba poco a la imaginación. Estaba acostada en una inmensa cama, entre almohadas de plumas, su cabello resplandecía con la tenue luz de la lámpara que estaba sobre la mesilla de noche, sus ojos brillaban con el deseo tantas otras veces visto en ella, sus pezones sobresalían de aquellos montículos que él conocía tan bien, incitándole a acercarse y llevárselos a la boca.
Se detuvo un instante a observar aquellas curvas generosas que había disfrutado otras veces; pero había algo distinto en esta ocasión, bajó su mirada a su entrepierna para comprobar si se había excitado con esa visión lujuriosa, pero encontró que su miembro estaba flácido, algo que le sorprendió increíblemente, jamás en su larga vida había podido resistirse a una mujer, mucho menos a Tarah; pero ahora, mientras la veía, comprendió que eran unos ojos azules los que deseaba que lo vieran de aquella manera. No obstante, tenía obligación para con Tarah, así que la alimentaría, le daría un orgasmo y se iría. Tal parecía que el celibato empezaría a ser su compañero de vida, pero no importaba. Si era necesario, no tomaría a ninguna mujer, aunque en realidad no parecía necesario, más bien parecía obligatorio, ya que su cuerpo estaba tan dormido, que dudaba seriamente que incluso su mano pudiera darle placer.
-Sólo he venido a alimentarte Tar –le explicó acercándose lentamente a ella- mi cuerpo no tiene el más ínfimo deseo de hacer nada hoy. Quizá nunca –pensó.
-Oh Jared –le llamó de una forma que él había considerado sexy antes- pero yo te necesito…
-No Tar. Te daré mi sangre y te daré placer, pero no pienso tomar el mío, mi cuerpo no responde, tal como puedes ver.
-¿Es por ella? –le preguntó molesta.
-No hablemos de ella. Quiero que sepas que no dejaré de alimentarte aunque me una a Ikram, no hasta que tú así lo decidas, ahora ven –la tomó de la cintura para acercarla a su cuerpo, lentamente trazó la curva de uno de sus senos y finalmente le puso la muñeca en la boca, ella rasgo su piel y comenzó a succionar. Jared había tenido la esperanza de que ver aquello le provocara una erección, pero no necesitaba ver su entrepierna para comprobar que aquél acto no le ponía duro como otras veces en el pasado. Cuando los gemidos de ella le indicaron de su necesidad, movió su otra mano hasta su sexo y la estimuló de manera constante, hasta que ella se corrió en su mano.
*****
Mucho después de haberla alimentado, Tarah se quedó dormida, él vió su rostro y comprendió que antes la observaba tras un velo de pasión, pero ese amanecer, únicamente veía a una vampiresa que le era extraña y a la vez conocida. Él imploró a los Dioses que le otorgaran un compañero pronto. Aunque sabía bien que un Pristier rara vez era emparejado, sobre todo los de alto rango como ella. De modo que ese sería el único enlace de sangre que tendría, por que ya había tomado la decisión de no darle ni pedirle algo de ello a Ikram.
Se deslizó de los brazos de Tarah cuando el sol estaba en lo alto, antes de que ella se despertara, la besó en lo labios suavemente y se desvaneció de regreso a su habitación. No sabía lo que su hermano –y su cuñada- dirían cuando se enteraran de que le había proporcionado placer a Tarah en su palacio, no dudaba de que les molestaría. Aunque si lo pensaba detenidamente, de eso se trataba su vida, de fastidiar la de los demás. Sonrió ante el pensamiento, se acomodó en su fría cama y se dispuso a tomar una siesta innecesaria, antes de caminar hacia la horca.











